El quiebre no borró tu identidad
Cuando cambia aquello que sostenía tu vida, también puede cambiar la manera en que te reconoces. ¿Cómo volver a mirarte sin reducir quién eres a lo que perdiste?
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Hay momentos en los que cuesta responder una pregunta que antes parecía sencilla: «¿Quién soy?».
Cuando la estructura cambia, también aparecen preguntas sobre ti
Durante años, creí que ser empresaria, pareja y madre significaba tener respuestas, sostener y estar siempre al frente. Me identificaba tanto con esos roles que me costaba reconocer cuánto de lo que cargaba estaba relacionado con mi dificultad para delegar, pedir apoyo y permitir que otros lo hicieran a su manera. Había personas a mi lado; yo también necesitaba aprender a confiar y a dejarme acompañar.
Durante veintiún años construí empresa y comercialicé acero para grandes obras. Ese mundo tenía un lenguaje conocido para mí: decisiones, negociaciones, responsabilidades y resultados.
Hasta que algo cambió. Un quiebre me llevó a detenerme. La dirección que conocía dejó de ser clara y tuve que preguntarme quién era cuando la estructura que había sostenido una parte de mi identidad ya no estaba.
Mi acercamiento al coaching abrió un aprendizaje: observar cómo estaba interpretando lo que me ocurría y qué decía sobre mí a partir de esa experiencia.
Había decisiones que revisar, pérdidas que reconocer y competencias que aprender. También había una trayectoria, capacidades y experiencias que seguían formando parte de mi vida, aunque en ese momento me costara verlas.
Quizás a ti te pasó algo parecido. Un proyecto dejó de funcionar. Una relación terminó. El trabajo que te daba dirección dejó de estar. O, sin que ocurriera una gran ruptura visible, comenzaste a sentir que la vida que llevabas ya no correspondía con lo que querías.
Entonces, junto a las decisiones prácticas, apareció una inquietud más profunda: «Si esto ya no forma parte de mi vida, ¿quién soy ahora?».
Desde allí nace la reflexión que quiero compartir contigo: un quiebre puede cambiar profundamente tu vida sin convertirse en la definición completa de quién eres.
¿Qué es un quiebre en el coaching ontológico?
En coaching ontológico, llamamos quiebre a una interrupción de la manera habitual en que veníamos viviendo o actuando. Algo deja de ocurrir como esperábamos y requiere nuestra atención.
Puede aparecer ante una pérdida, un desacuerdo o un resultado que no conseguimos. También ante una oportunidad: asumir una dirección, comenzar un emprendimiento o convertirnos en madres o padres puede exigir aprendizajes para los que todavía no nos sentimos preparados.
Lo que representa un quiebre para una persona puede no serlo para otra. Importa lo ocurrido y también aquello que estaba en juego para cada una: seguridad, pertenencia, reconocimiento, confianza o un proyecto de futuro.
Por eso, comprender un quiebre requiere escucharnos con una pregunta concreta:
¿Qué cambió para mí y por qué es importante?
Quizás perdiste un empleo y, junto con el ingreso, extrañas sentirte parte de un equipo. Quizás cerraste un negocio y te preocupa cómo volver a generar recursos, pero también te duele pensar que decepcionaste a quienes confiaban en ti.
Distinguir estas dimensiones ayuda a reconocer qué necesitas atender.
Lo que ocurrió y lo que concluyes sobre ti
Después de un quiebre, podemos convertir un resultado en una afirmación sobre toda nuestra persona.
- «Mi negocio cerró» se transforma en «soy incapaz».
- «Esta relación terminó» se convierte en «no soy suficiente».
- «Necesito ayuda» empieza a sonar como «ya no puedo con mi vida».
En la mirada ontológica, distinguir hechos y juicios permite examinar ese paso. Un hecho puede contrastarse con información: el negocio dejó de operar, una relación terminó, un acuerdo no se cumplió. Los juicios son las valoraciones que hacemos acerca de lo sucedido.
Esas valoraciones merecen ser escuchadas y revisadas. Algunas tienen fundamento en un ámbito específico; otras generalizan una experiencia hasta convertirla en una sentencia.
Imagina que tu emprendimiento cerró después de varios años. Necesitarás revisar tus decisiones, los recursos disponibles y las condiciones del negocio. Pero concluir «nunca he sido capaz de construir nada» deja fuera años de trabajo, relaciones, aprendizajes y problemas que sí pudiste resolver.
Una pregunta para detener esa generalización es:
¿Qué hechos estoy tomando en cuenta para hablar de mí de esta manera y cuáles estoy dejando fuera?
Revisar un juicio permite construir una comprensión más precisa de lo ocurrido y decidir qué aprendizaje hace falta.
Elige una frase que te hayas dicho sobre ti desde que ocurrió el quiebre. Escríbela. Debajo, anota dos columnas: los hechos que la sostienen y los hechos que estás dejando fuera. Mira las dos columnas antes de decidir si esa frase te describe.
Revisar un juicio es el primer paso. El segundo es darte cuenta de que no solo interpretas lo que te pasa: también lo sientes en el cuerpo, y eso decide cómo respondes. De eso te escribo en la próxima entrega.
El quiebre forma parte de tu historia. Y tu historia continúa.